Jackeline Vargas
Segundo día de octavos. Tenía que ser domingo. Las expectaciones escalaban a la cima. Las emociones recorrían infinitamente a los aficionados, que se instalaban frente a cualquier televisor y se trasladaban por un momento a Sudáfrica. Cerca de las vuvuzuelas, cerca de la Albiceleste, que hoy jugaba un partido a muerte. Entonces el Mundial empezó a revivir. Luego del baile alemán ante la triste Inglaterra por 4-1 en la mañana, los ojos comenzaron a creer que lo bueno estaba llegando. Que el espectáculo al fin se asomaba. Que el campeón podría salir de este día. Yo creo que la locura tomaba la mayor voz. Después de presenciar el poderío teutón, en casa con un sueño interminable, no había como dejar de ir a Sport Planet para el encuentro latino Argentina-México, que fue como retroceder en el tiempo hasta llegar a Alemania 2006, en donde ambos también se enfrentaron en octavos. Nuevamente bajo la incesante especulación de no ceder el alma. Y allí el marcador definitivo reflejó un 2-1 que pintó el delirio de celeste y blanco. Pero hoy, las cosas cambiaron. Aunque solo por un gol. Un gol que rebosó los límites de la belleza.
Mientras tanto el restaurante estaba repleto. No cabía un alma más. Todos pintados con los colores del equipo, unos como ‘chivitos’, otros como ‘gauchos’. Pero una pelota los unía. Y los volvía a separar. Los ‘albicelestes’ ganaban en número y en gritos, pues cada jugada era celebrada por expresiones ensordecedoras, que no dejaban escuchar a los narradores. Los mexicanos preferían pasar desapercibidos y solo gritar cuando era necesario, cuando sentían como si su garganta empujara al equipo de Javier Aguirre. Lástima que solo se quedó en eso… en un empujar.
Argentina bailaba su salsa. O mejor dicho, su tango. Hasta que llegó el no gol, que terminó siendo gol y que todos gritaron como si fuese gol. Pero que no lo era. Una de esas corridas majestuosas de Messi, que aparecen, peligran, vuelven a aparecer, exaltan, retuercen, y que siempre terminan en algo excepcional. Si no es de él, de otro. Pero encienden el encuentro. Y entonces, una vez dentro del área mexicana, la figura de Tévez parecía ser su complemento perfecto. La pulga lanzó un pase preciso y la cabeza de ‘Carlitos’ explotó: ¡BOOM! Balón adentro. El país gaucho tembló. Mientras que en el Sport le pusieron mute a la tv y la música envolvió el sitio, el altísimo volumen no dejaba espacio para conversar. Todo era fiesta. Por un segundo momento parecía que estuviese en Sudáfrica. Incluso, pude percibir el sonido de una única vuvuzuela, que hacía retumbar el lugar. Alguien se encargó de comprarla. Me pregunté quién, pero no lo encontré. Menos de un minuto después los alaridos se apagaron. El ‘replay’ de la jugada demostró que efectivamente era offside, mientras que el árbitro y uno de los jueces de líneas discutían el tema. El gol que no fue gol. Mas ya era tarde, el 1-0 ya estaba marcado. Los rivales se encargaron de reclamar, naturalmente, pero fue en vano. Una vez reanudado el juego la gente aplaudió, me pregunté por qué lo hacían. Había sido trampa. Y estaba clarísima. “Así es el fútbol”, unos pensarán, yo pienso “así es la vida”.
Entonces a los 33 Higuaín le devolvió la sensación de justicia a los sudamericanos. Y quitó el mal sabor. Tras un desacierto defensivo, el ‘Pipita’ afianzó la genialidad a su pies y con un zurdaso les regaló el grito a sus hinchas. Una celebración nacional digna de estadio. Como si Ecuador estuviese jugando esos octavos de final.
Y al poco tiempo Tévez hizo borrón y cuenta nueva. Antes de llegar al área amarró el balón a sus botines, se lo mezquinó a los mexicanos, aplastó el acelerador y… ¡cañonazo de derecha!. Todo cobró sentido desde entonces. El Conejo se estiró, saltó, intentó, pero el balón fusiló la esquina superior derecha del arco. Ingenio de gol. Ya no se necesitaban más. El caso estaba cerrado. Pero Javier Hernández les regaló un pequeño honor a su escuadra tricolor y dejó el resultado final en 3-1.
Argentina nuevamente pisa los cuartos de final. Nuevamente ante la Alemania que la venció hace 4 años en penales. Tal vez se repita la historia. Tal vez no. Pero lo cierto es que ambas selecciones empiezan a dejar un rastro… de campeón.
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